Memorias Medievales

Capítulo Cuatro:

“CIELO”

Cuando se abrió la puerta.  Frente a mí, había un joven de rasgos angelicales y algo infantiles, en cierto modo, eran parecidos al rostro de la joven mujer (ojos de jade) que se encontraba tras él.  Sus ojos eran azules como el más hermoso de los cielos y su desordenado cabello, color café, parecía tener alocados destellos brillantes como el sol.

Me miraba fijamente.  Al principio lo hacía con asombro, pero lentamente fue cambiando su expresión hasta que su rostro estaba completamente serio.  Pensé que era muy atractivo, pero al instante recordé que no era tiempo de niñerías.  Los registros seguían sin aparecer y la pareja de jóvenes, que se encontraba frente a mí, estaban vestidos con ropas medievales.  Sus trajes eran demasiado elaborados y no parecían ser falsos.

- ¿Y por ella has hecho tanto escándalo?- murmuró despectivamente el joven.

- ¡Oh!, cállate Francis- le dijo la mujer mientras se acercaba a Amber- Me alegra que te hayas despertado… realmente te pegaste fuerte en la cabeza- la joven se acercó más y le acarició los vendajes- ¿Por qué no mejor te recuestas un poco más, Amber?

- ¿Cómo sabes mi nombre? y ¿A dónde te has llevado mis registros?, además, ¿qué hacen vestidos así?

- ¿Y quién te crees tú?- la interrumpió el joven llamado Francis- deberías saber tu lugar y no hacer más preguntas.

- ¡Vamos Francis!- se escuchó repentinamente, era la tercera voz que Amber había escuchado.  Aunque hasta ese entonces no se había fijado que el tercer joven se encontraba en la habitación, éste, estaba apoyado contra una de las murallas y sonreía carismáticamente.  Era igual de alto que los otros dos, pero a diferencia de sus compañeros, tenía un cuerpo firme y musculoso, su cabello era negro y sus ojos, oscuros como la noche y, al mismo tiempo, brillantes como las estrellas- no seas tan mal educado, después de todo, es la invitada de Agatha.

- ¡No te entrometas, Magnus!

- Ahora que lo pienso- comentó divertido Magnus- quizás se deba a tu mal carácter el hecho de que aún no consigas pareja.

De repente, lo comprendí, no se trataba de nada más que una broma, aunque era de una producción algo extravagante.  Seguramente toda la habitación era un estudio o algo parecido.

- Ok, ¡se acabó la broma!- Tanto Magnus, Francis y Agatha, desconcertados, se voltearon para ver a Amber- les agradezco que hayan ayudado a mi Padre, debo reconocer que hizo un gran trabajo y que casi me lo creí, pero ya me aburrí de este loco montaje, así que…

- ¿Una broma?- interrumpió Francis, el cual se sentó cerca de la ventana- Sí, creo que tienes razón pequeña extraña.  Agatha nos está gastando una “molesta y pésima” broma.

- Francis, ya sé que me equivoque, pero no es necesario que te comportes así- dijo Agatha mientras lo fulminaba con la mirada para luego cambiar radicalmente y mirar con dulzura a Amber- Amber, mi nombre es Agatha y si me haces el favor de volver a la otra habitación, con gusto, te explicaré todo.